Jovenes crean bolsas hechas con cáscaras de frutas para dejar a un lado las de plástico

Según un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas, en el mundo se utilizan más de 5 billones de bolsas plásticas contaminantes cada año, y sólo una ínfima proporción es reciclada, lo que significa un problema gigantesco para la salud del planeta.

Reducir el uso de las bolsas por completo es algo muy difícil. Alternativas ecológicas presentan modelos reutilizables que son muy prácticas, pero todo dependerá del material con que son realizadas las mismas.

Si las bolsas reutilizables están hechas de material sostenible, las mismas, pueden reducir la presencia de CO2 en el planeta considerablemente. Esto es precisamente lo que se quiere lograr con el modelo que presentan los diseñadores Johanna Hehemeyer Curten y Lobke Beckfeld. Se trata de un tote bag reutilizable con nombre comercial Sonnet 155.

Sonnet 155 está diseñada con materiales biodegradables, para garantizar que cada ejemplar pueda desintegrarse en el agua o en la tierra.

Johanna Hehemeyer Curten y Lobke Beckfeld, crearon las bolsas con un compuesto logrado con celulósica de la industria textil y pectina, la cual mimetiza los efectos de la gelatina.

El residuo de la celulosa se extrae de las plantas, mientras que la pectina es un polisacárido de origen vegetal. Cuando se logra una mixtura eficaz de estos dos elementos, forman un tejido sostenible resistente para sus funciones de bolsa. Este material es de apariencia similar al cuero, pero con una singular resistencia.

Sonnet 115 es realmente una alternativa sostenible

Reforzada por su propia piel natural la Sonnet 155, presenta un aspecto traslúcido. Fiel a un diseño minimalista, se puede obtener en diferentes colores, gracias a las alternativas presentadas por los diseñadores. Sin duda, es una mejor opción que las bolsas tradicionales.

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